Las imágenes son de RTVE. Me fascina la historia y este cuento de restauraciones, atribuciones y demás insistencias en recorrer el pasado, nombrarlo (aunque nunca se sabe más allá y de certezas nada); y desde el presente, observar cómo la realidad se vuelve puramente un valor. Lo que importa del pasado es el valor museográfico, la pieza de arte. Detrás, toda una vida (realidad pasada) borrosa, sin orígenes claros.

Manía nuestra. Tenemos dos Giocondas y la del Museo del Padro aparece llena de colores. Dos personas del comité científico internacional renunciaron porque entendían que la restauración era “muy agresiva”. Esta copia de la Gioconda realizada al parecer por un discípulo de Da Vinci viene de perillas a mis reflexiones de hoy en medio de una tesis que tengo que entregar. Foucault gana. El museo es una heterotopía, un intento del hombre de acumular en él todos los tiempos. Sin embargo, el esfuerzo se dirige a preservar “la obra de arte”. El pasado (o su realidad) está cada vez más lejos.

Nada, simple disgresión, no me hagan mucho caso. Dejo aquí la heterotopía-museo y su afán para rescatar re-presentaciones. Pueden consultar la noticia en estos enlaces:

‘La Gioconda’ del Prado fue pintada por un discípulo de Leonardo en su estudio

La ‘Gioconda’ visita a la ‘Gioconde’

Compara los dos cuadros

Abre en el Louvre muestra de Da Vinci que incluye a la “doble” de la Gioconda

Las ‘giocondas’ no se miran