Nada, que sigo encontrando cosas del tiempo en que crecía en la isla y formaba parte de esos ‘americanizados’ y ‘desafectos’ que casi no escuchaban música cubana. Todas estas canciones las escuchábamos en las fiestas por obra y gracia del afortunado que salía y las traía. Las grabaciones se hacían en ‘placas’, una especie de disco que pesaba dos toneladas. Bueno, dos toneladas no, exagero. Lo importante era la música y en ellas había oro, pero oro de ‘afuera’.