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El costo de la salud en Estados Unidos aumenta cada año y llevar a cabo una reforma del sistema de salud actual parece tarea hercúlea e imposible, entre los cientos de pros y contras expuestos durante décadas por  los defensores de las ‘urgentes’ reformas y por sus críticos. Pero la realidad supera al debate y a la oratoria liberal, moderada o conservadora: gastamos más y más en salud que lo que gasta cualquier otro país desarrollado: $2.5 trillones en 2009, $3.1 trillones proyectados en 2013. Y nuestro sistema de salud es el único del mundo de los países desarrollados que no ofrece cuidado de salud universal, agreguen que, según cifras nacionales, 48 millones de personas viven aquí  sin seguro médico. Como detalle anexo, Florida y Miami-Dade, como hemos escuchado en los últimos meses, encabezan la lista de los fraudes al Medicare.

¿Por qué gastamos más que otros países sin haber hecho como ellos, asegurar a todos los ciudadanos? Durante más de 50 años de debate, hemos sobrevivido entre uno y otro makeup ligero al sistema por parte de algunos presidentes y representantes, toneladas de política inmersa en él y el intenso lobby de la industria de la salud en Washington, estados y localidades. Lo peor de lo peor, desde mi punto de vista, seguimos insistiendo en perpetuar y conservar una cultura de enfermos en vez de promover y crear una cultura de personas saludables. Si el doctor, por ejemplo, fuera estimulado por la cantidad de pacientes saludables que lo visitan, ¿no veríamos menos gente en los salones de operaciones, en  las consultas y terapias? Una operación de cadera en Estados Unidos cuesta más de $40.000. La misma operación, en otros países con muy buena reputación de parte de algunas de nuestras agencias que estudian el fenómeno —y no son ‘desarrollados’—, cuesta entre $12.000 y $7.000. Observen la tabla que les dejo de algunos procedimientos quirúrgicos de esta organización americana que promueve el turismo médico, Medical Tourism Association. The New York Times tiene una serie muy interesante, muy ilustrativa, sobre el debate de salud escrita por un economista; y el enlace que les dejo del Medical Tourism Association, también salió de allí. Les dejaré también todos los enlaces de lo que leí, estarán al final.

El problema crítico de la salud trasciende la demagogia política porque nos afecta profundamente a nosotros, Perdemos energía, vitalidad, calidad de vida, tenemos más gastos personales y sociales (taxes). Nos ofusca y deprava a todos los americanos por igual, perdidos entre los grandes intereses, abandonados al final por quienes nos representan, trastocando en la mesa del debate una cosa por otra, pensando en espiral y con puras falacias. Pongo un ejemplo de la magnitud del problema nacional: Por menos gente asegurada, más costos de seguro para los que pagan por él. Ante más procedimientos burocráticos, más personal extra y más costos. Frente a más medicinas prescritas e ingeridas, menos salud y más riesgos de efectos secundarios, algunos mortales. Ante menos regulación de la industria de drogas, proveedores de salud y cada sector del sistema, más medicinas peligrosas que no han pasado pruebas apropiadas, más corrupción, más decadencia por venir.  Mientras existan más personas enfermas, menos productividad,  aumenta la demanda de asistencia social y más ganancias para los que cuidan a los enfermos y suministran terapias y medicinas. Todo un círculo vicioso del que he referido solamente una pequeña parte del gran panorama. Por esa razón, hablar de reforma de salud es volver a las palabras mayores a esas a las que hay que agregarle también una buena dosis de escepticismo nacional en cantidades proporcionales a la susodicha ‘reforma’. La tabla que les dejo es una simple prueba e ínfimos ejemplos comparativos de algunos de los costos de tratamientos, pero suficiente, pienso, para tener una idea general.

En particular estoy de acuerdo en que la salud, como industria total (sector público y privado), tal y como está concebida, favorece sin lugar a dudas a la enfermedad, al consumo de drogas farmacéuticas y a los tratamientos extremos y costosos, entre ellos, a esos largos procesos quirúrgicos que algunas veces hemos descubierto que no son necesarios ni adecuados, y en la mayoría de los casos, la realidad suprema e inevitable con las cuentas personales y de asistencia social revelan que sus costos son excesivos, mejor dicho, desmesurados.

Florida ostenta, para vergüenza nuestra, el primer lugar junto con Texas de gastos médicos fraudulentos pagados por el Medicare. El Medicare es un gran sistema de salud, pero ya tiene muchos años, mil ramas secas y pide a gritos ajustes profundos, reformas de operativos, de los proveedores de salud, de seguros, de estructura del sistema, de la supervisión requerida por pagos para este siglo XXI. 

En Miami-Dade County, meses atrás, leímos reportes de fraudes espeluznantes que se encuentran entre los mayores del país. Unido al fraude, a la corrupción y a la casi inexistente administración e investigación de los pagos del Medicare por parte del gobierno local, estatal y federal, el sistema, tal y como está, pareciera que vuela en pos de la bancarrota en un futuro no muy lejano. Del sistema de seguros privados, pregúntenle a un enfermo.

En medio del torbellino presente, el presidente ha propuesto una ‘reforma’, y con su propuesta, pretende disminuir los gastos de salud en 37 mil millones en 10 años. ¿La reforma de Obama es suficiente? ¿Adecuada? ¿O es otra ‘reforma’ tipo makeup como las que hemos visto sucederse, presidencia tras presidencia, y que finalmente, la mayoría ha dejado el mismo problema con más maquillaje, complejidades e ineficiencias? ¿Obama sueña un sueño liberal, comunista o anticipa como ya lo han hecho otros presidentes un devenir crítico que viene afectando nuestras comunidades a lo largo del país, política aparte y por muchos años? ¿Será posible ajustar los servicios de salud, los costos de salud e implementar un sistema más eficiente, ya sea público, privado o una mezcla de ambos? En todo caso, Obama ha sido testigo del caos y esperamos que recuerde. Su madre, ha dicho varias veces, murió de cáncer, y en el hospital, vivió la batalla contra el seguro médico que no quería asumir los costos de los cuidados de su madre. La vivió en carne propia. Esta, su experiencia personal, es un alivio esperanzador para esperar cambios reales entre los que día a día enfrentamos cosas peores. ¿Ganará la retórica (de unos y otros), la agenda política (de unos y otros) o la salud de todos nosotros? Eso, está por ver, y lo que pasará no será solamente culpa de Obama sino de todos y cada uno de los líderes de su propio partido y los de la oposición. De todos y cada uno de los congresistas, senadores, representantes federales y estatales. Este y no otro, desafortunadamente, es el momento que vivimos. Navegamos a través de cientos de pequeños detalles donde se esconde el diablo, detalles que laceran, enferman y destruyen la visión americana y a cada uno de sus ciudadanos desde todos los puntos cardinales que quieran asumir para observar la avalancha, el huracán o como deseen llamarle.

Desde mi punto de observación: la tarea de reformar el sistema de salud parece casi imposible aunque si existiera voluntad y líderes apropiados, nada sería imposible para un pueblo que no se detiene nunca y que produce como ningún otro en el mundo. Pero mil tentáculos e intereses juegan y apuestan enormes sumas para dejar el sistema de salud intacto. Y este legado casi mandatorio de mantener los intereses corporativos en detrimento de los intereses nacionales más inclusivos so pena de ser acusados de ‘socialización’ y en el peor caso de ‘comunismo’, unido además a la pobreza en creciente, a la debilidad económica y la poca información veraz, está de color hormiga y esta vez, ya no vende su propia retórica. La realidad toda y la crisis de la salud, sustituidas en algunos casos por avalanchas casi incomprensibles de los medios, también dueños de su propia agenda, causa desgaste, satura. Como si fuera poco, la siempre frágil memoria humana, batallando contra la eterna controversia entre los dos grandes partidos políticos del país, frena. No se ponen de acuerdo casi nunca y cuando llegan a acuerdos, algunos son casi parecidos a una broma amarga de bullies en estrado que pasan leyes que se convierten en casi nada-boronilla para más de 200 millones de personas. Cada paso dado por los administradores afectan, y muchas veces plagan nuestras comunidades, todas, de más y más desidia, corrupción, cinismo. Cada problema dejado a un lado o disuelto en ‘guerrillas de información’ impide finalmente ver con claridad el rumbo hacia un mejor servicio de salud, entre esos otros mil detalles del diablo nacional, escondido e influyente, todos tendemos a perder la perspectiva.

Ya sea público o privado o mitad y mitad, algo habrá que hacer con el sistema de salud en su totalidad, pero hay que hacer algo que logre eficiencia y reduzca costos.

La realidad que transitamos los americanos, tal y como yo la percibo, transporta día a día una enorme angustia nacional apolítica, que en este tema específico de la salud se traduce en millones de pacientes y pre pacientes angustiados y perdidos en un eterno círculo vicioso del que parece no existir salida: Si vas al médico, prepárate para las consecuencias. Si no vas al médico, prepárate para las consecuencias.  Y esas consecuencias son una pesadilla en ambos casos, pesadilla de estrés, de vivencias intraducibles, de realidades muy lejanas al respeto cacareado y al cuidado efectivo de una, de dos, de cientos y de todas las vidas humanas.

¿Habrá comunicación finalmente? Muy pocas personas comprenden que una sociedad está íntimamente interconectada hasta en el más mínimo detalle. Por ejemplo y en este caso particular de la salud, menos educación, más crimen, más personas atendidas por asaltos en los hospitales, más dinero público tendremos que pagar para atender a esos pacientes —y criminales violentos—, tendremos que pagar por su recuperación, a veces, prolongada o por sus gastos y sus cuidados médicos y condiciones de vida. Por cada caso de deshabilitación que pudiéramos prevenir, por ejemplo, cada uno de nosotros pagamos un precio que, en el menor de los casos, se traduce en menos servicios porque “no hay presupuesto”.

Visto de la manera más inclemente, pero al fin y al cabo material, la materia ($) reina, yo prefiero promover y hacer énfasis en los cuidados preventivos en pos de una vida saludable.

En Washington -y en las legislaturas estatales y locales- saben de sobra que la retórica política ha lastrado, impedido o lacerado por años, por décadas, cualquier fórmula trascendente o de progreso social y de salud más inclusivo, más allá de la fórmula fosilizada de crear ‘wealth‘ para apenas mil americanos y cerrar los ojos más allá de los ‘too big to fail’ una y otra vez. Y esto ha acrecentado el problema que hoy observamos: Los ‘too big to fail’ no podrían ser ni la tercera parte de lo que son si yo y millones de nosotros  no somos sus clientes, no pagamos por ellos.  Un estornudo en sus bolsas y salen corriendo a buscar dinero público. Sin estornudos, muchos viven del dinero público aunque la apariencia ‘privada’ nos engañe. Entonces, si acosas, enfermas o matas a tu mejor cliente… ¿dónde estaría colocado el futuro a mediano plazo de semejantes negocios? ¿En millones y millones procreando para prolongar el círculo?

Suena cruel, demasiado cínico. Pero prolongar la agonía dilata y sostiene un sector financiero importante que no desea ver que una enfermedad sin tratamiento pudiera resultar en terminal y en menor escala, hace perder un invaluable cliente ‘social’ potencial. Dicen que la avaricia y la soberbia no piensan. Si ese cliente es sustituido por millones de recién nacidos listos para suplementar la cadena, el negocio nunca moriría totalmente…

Horror. Como parte de los últimos eslabones de la cadena, cruzo los dedos y espero. ¿Qué otra cosa puedo hacer si ninguna de estas cuestiones fundamentales está en mis manos? ¿Qué otra cosa esperar que no sea un milagro, ya que parece que en el mundo de los hombres la soberbia y la avaricia indiscriminada tienen cristalizado un sistema perpetuo, establecido firmemente en la codicia y la malicia milenaria —ese diablo ancestral— que ha echado raíces por cientos de años sin que proverbios, credo, imagen y semejanza de bienhechores hayan jugado otro papel que el de condenarnos a la sombra de soportar en silencio, en excomunión, lejos de la vanguardia y de la integridad, la razón y la inteligencia?

Mi lacónica opinión general y particular en el tema de salud, como siempre, es pura opinión por la que pido también todos los días que el amanecer me pruebe que estuve, estoy y estaré completamente equivocada. Amén.

Enlaces:

Patient Money / Going Abroad to Find Affordable Health Care (By WALECIA KONRAD / NYTimes)

http://www.nytimes.com/2009/03/21/health/21patient.html?_r=1&scp=6&sq=health%20care&st=Search

Costly Home Health Care (NYTimes)

http://www.nytimes.com/2009/03/23/opinion/23mon2.html?scp=8&sq=health%20care&st=Search

Serie de Uwe E. Reinhar, economist de Princeton

Why Does U.S. Health Care Cost So Much? (Part I)

http://economix.blogs.nytimes.com/2008/11/14/why-does-us-health-care-cost-so-much-part-i/

Does U.S. Health Care Cost So Much? (Part II: Indefensible Administrative Costs)

http://economix.blogs.nytimes.com/2008/11/21/why-does-us-health-care-cost-so-much-part-ii-indefensible-administrative-costs/

Why Does U.S. Health Care Cost So Much? (Part III: An Aging Population Isn’t the Reason)

http://economix.blogs.nytimes.com/2008/12/05/why-does-us-health-care-cost-so-much-part-iii-an-aging-population-isnt-the-reason/

Why Does U.S. Health Care Cost So Much? (Part IV: A Primer on Medicare)

http://economix.blogs.nytimes.com/2008/12/12/why-does-us-health-care-cost-so-much-part-iv-a-primer-on-medicare/

U.S. Health Care Costs, Part V: Can Americans Afford Medicare?

http://economix.blogs.nytimes.com/2008/12/19/us-health-care-costs-part-v-can-americans-afford-medicare/

U.S. Health Care Costs Part VI: At What Price Physician Autonomy?

http://economix.blogs.nytimes.com/2008/12/26/us-healthcare-costs-part-vi-at-what-price-physician-autonomy/

Doctors Raise Doubts on Digital Health Data

http://www.nytimes.com/2009/03/26/business/26health.html?ref=health

Ideas for Fixing Health Care

(Algunas opiniones de representantes de varios sectores relacionados con la salud)

http://roomfordebate.blogs.nytimes.com/2009/02/25/ideas-for-fixing-health-care/?ref=health

Elliott S. Fisher, a professor of medicine, is director of the Center for Health Policy Research at Dartmouth Medical School

we need to address the underlying causes: a fragmented care system; lack of accountability for the overall costs and quality of care; a payment system that rewards growth and unnecessary care.

Kevin Pho, a primary care physician in Nashua, N.H. blogs at KevinMD.com.

…With the number of the uninsured having risen to 48 million Americans, clearly the need for reform is dire. But President Obama made no mention of who exactly will take care of these patients, even if they get insurance under a successful health reform initiative.

 Daniel Callahan is the co-founder of the Hastings Center, a nonpartisan research institution dedicated to bioethics and public policy. Currently the center’s director of international programs, Dr. Callahan is author of a forthcoming book, “Taming the Beloved Beast: How Medical Technology Costs Are Destroying our Health Care System.”

…No one expected President Obama to spell out a detailed health reform plan in his speech, and he didn’t. But he did say something that, inadvertently, illuminates the difficulty of controlling the escalating cost of care. He said that his administration will seek “a cure for cancer in our time,” and he linked that effort with a large investment in preventive care as “one of the best ways to keep our people healthy and our costs under control.”

There is a distressing irony in that in that statement: as progress has been made in managing cancer, the costs of caring for cancer patients has steadily risen. President Nixon declared a “war on cancer” in 1970, and that war has advanced on many fronts, but hardly any experts are projecting a near-term cure. Prevention efforts and public education have helped to reduce death rates from cancer (a 13 percent decline since 1990), but prevention appears more successful in improving the quality of life than in lowering costs.

Karen Ignagni is president and chief executive of America’s Health Insurance Plans, a national association representing nearly 1,300 companies providing health insurance.

For the past hundred years, the country has tried and failed to reform health care. Ever since the false start on reform fifteen years ago, political insiders have cautioned against trying it again. But circumstances have changed and now, rather than mobilizing to oppose reform, a wide group of diverse stakeholders – employers, health plans, consumers, doctors and hospitals – is working together to help the nation get to yes.

We’ve learned that we can work together on important issues, like children’s health care, safety net improvement, privacy protection, mental health parity, and genetic nondiscrimination.

We agree that reform needs to address cost, access, and quality simultaneously. There is also broad consensus that we can’t afford to do nothing.

Maggie Mahar is the health care fellow at the Century Foundation where she writes the blog, Health Beat. She is the author of “Money-Driven Medicine: The Real Reason Health Care Costs So Much.”

…Last night in his address before Congress, President Obama talked about the spiraling cost of health care and how it is “one of the fastest-growing parts of our budget.” He emphasized that if we don’t root “out the waste, fraud and abuse” in our Medicare system, the spending on unnecessary and ineffective treatments “that don’t make our seniors any healthier” (but do make those who profit from the system wealthier), we will never bring down our budget deficit.

But greater efficiency will provide only part of the needed funding

Steven Findlay is a senior health care analyst with Consumers Union

The challenge Obama and Congress face in hammering out health reform legislation centers on financing and timing. Health care spending today (government and non-government) is terribly structured, wasteful, and misappropriated. But that also means that if we do health reform right, we will not have to dig too deeply into the Treasury’s coffers to guarantee that every American has health insurance.

Indeed, it’s entirely feasible that within five to 10 years we can redeploy the projected money we will spend on health care – $2.5 trillion in 2009 rising to $3.1 trillion in 2013 – in ways that cover everyone and improve both access to care and quality of care.

Negritas mías… Continuará…

Update 1: Pura edición, el contenido sigue intacto.