manana-3100321Finalmente, el adiós. En notas apresuradas, especialmente de política internacional la AP resalta lo que dijo, y más importante, lo que dejó de decir de cada tema. En estos días, en casi todas las cadenas de TV hemos visto a George W. Bush hablando de su propio resumen de su mandato, de ocho años embarazosos, casi pasmosos para muchos americanos, y especialmente producidos, con agónicas consecuencias, por sus decisiones de la política exterior de su gabinete: iniciar una guerra en Iraq sin haber terminado la de Afganistán. Como consecuencia, el país perdió prestigio y respeto y entre las muchas disposiciones para luchar contra el terrorismo siguen en la mesa de los debates la tortura, Bin Laden sin capturar, ahora viviendo en Pakistán, potencia nuclear, y la extraordinaria oleada de vigilancia a toda la población americana algo muy conflictivo frente a las libertades civiles de las que América, la Gran América, siempre se ha sentido orgullosa.

El discurso de adiós, sin ser apologético, resulta un ejemplo de cómo la fe, el golpe de intuición y el deseo de hacer bien no bastan para el juego mortal milimétrico en esta arena movediza global. Hace falta valentía para decir no a los propulsores de ideas sin base y con altas probabilidades de desajustar en vez de arreglar, como son la escalada militar indiscriminada y la polarización extrema internacional y nacional. Hace falta inteligencia para discernir qué decisión tomar. Hace falta coraje para dirigir por el mejor camino todas las mareas de opiniones y estrategias inmersas en una democracia. Un solo pensamiento, una sola acción impulsada por la pasión y con palabras de intimidación como aquellas de ‘con nosotros o con el enemigo’ son recursos de monolíticos más cerca de las dictaduras que de las democracias.

¿Qué me hubiera gustado que dijera? Que se equivocó. Que una democracia para sobrevivir no puede acercarse a las medidas de coacción de una dictadura porque deja de ser una democracia. Que se equivocó. Que no se puede prometer en campaña un gobierno compasivo y después permitir guerras raciales, religiosas y una campaña antiinmigrante como la que inició una facción de su partido y hacer ley tras ley pensando en un 1% del país y dejar al resto a la buena de Dios. Que se equivocó, que no se puede ser un conservador fiscal y derrochar y no actuar por años ante la soberbia y la avaricia. Que no se puede administrar caóticamente y dejar al país como lo ha dejado. Que se equivocó, que no se puede tapar el sol ni la Constitución con un dedo y que su administración sabía del ataque del 9/11 con meses de anterioridad, con nombres y direcciones de los posibles terroristas y no hizo nada. Que se equivocó y que le mintió deliberadamente al pueblo americano para lograr nuestra aprobación para ir a Iraq con inteligencia falsa sobre ‘weapons of mass destruction’ que no existían.

Puedo seguir, pero prefiero detenerme aquí. De su padre a él, la historia sabrá marcar las diferencias. Y qué diferencias.

¿Cuál es el mayor reproche que le hago a W. en su discurso de anoche? Decir que el país está más seguro… a partir de la fecha conveniente para él, después del gran golpe. W. era presidente meses antes de ese ataque horroroso a las torres que, señor, contrariamente a lo que usted dijo, ningún americano se ha recuperado de él (“As the years passed, most Americans were able to return to life much as it had been before 9/11, but I never did”. George W. Bush). No. Ninguno de nosotros hemos podido ‘retornar a la vida’ y el golpe sigue en nuestra memoria tan vivo como el primer día. No subestime a toda una nación que no tiene un micrófono delante.

W. andaba de vacaciones y ni él ni su administración le hizo caso a aquellos memos anteriores a septiembre que ya todos conocemos. Queda abierta a la historia la pregunta: ¿qué hubiera pasado si su administración hubiera actuado ANTES de los ataques?

¿Qué siento? Alivio. Imagino que millones de americanos y hasta los reps moderados también se sentirán aliviados, liberados ya de tener que hacer silencios ante este acto fallido de esa facción recalcitrante de neocones avariciosos. Tendrán que ajustar sus lealtades, que no es lo mismo que la fidelidad a un partido. La lealtad, como yo la entiendo, deber ser siempre dirigida a las ideas y sus resultados tendrían que ser hechos concretos más que ‘cosas del destino’ o retórica vana. Han aprendido la lección de que alinearse en bloque de idea y práctica de choque mortal tiene un precio irreversible en la opinión pública, en la economía de todos, y hasta en el balance de poder del mundo que dicen querer proteger.

¿Qué más siento? Pena por las condiciones en que se encuentra este país que tanto admiro. Recuperarse de años de desidia no va a ser fácil. ¿20, 30 años más? Y siento pena por mis amigos, mi gente y por mí que llegamos cuando el desmantelamiento nacional comenzaba a traducirse en realidades de supervivencia y andamos en la recta final casi tan desnudos como hace más de 20 años, recién llegados y con un sueño.

Ahora mismo siento, no pienso.

Por supuesto, habrá gente que no ha sentido el golpe. Que todavía no lo siente. Que nunca lo sentirá. Bienaventurados.

Yo lo sentí y hasta perdono, señor W., pero no olvido.

Bush Defends Record in Speech, Acknowledges Setbacks (Update2) 

Bush Farewell Speech? Ignore It 

In farewell speech, Bush says he kept nation safe

Foto: Nancy García