600px-internet_map_1024Ah, que es el mundo real, pero Internet lo resume. WWW es el orbe del contacto inmediato, de la información instantánea, de la maravilla y de la basura inmediata también. Ante esta realidad inevitable, siempre termino asombrada por la credulidad de la gente, de esos que leen y se creen todo lo que leen. Si reciben un show de Power Point, hay más de cientos, de miles, de millones de internautas que lo toman por verdad.

Siempre les repito a mis alumnos este mantra, es que se les olvida: Algo publicado no significa veracidad. Algo recibido por e-mail, tampoco. Una simple búsqueda en Google arroja cientos de resultados. Poca gente mira la dirección de esos resultados. Pocos comprueban la fuente antes de creer. Y muchos resultados, no son confiables.

Y esta credulidad a todo tren, invade nuestras percepciones cotidianas una vez desconectados de Internet.

Ejemplo: Rumores, poemas que son falsos, atribuidos a Neruda o a García Márquez son tomados por verdadeors. Mafalda y sus cosas, que no son ni Mafalda ni Quino, no faltaba más. Compendios sobre salud, chistes con segundas intenciones que son engendros, filosofía callejera de la barata y mala. Mares de errores de palabras de Dios que no son más que palabras del hombre firmadas como si fueran parte del decálogo del pobre Padre. Todo esto pica y se extiende y hasta llega a las conversaciones como si fuera, por principio, la autenticidad de la montaña. Con patas y sin patas.

Ejemplo de mi rutina cotidiana: Recibo el mismo Power Point una, dos, tres, 50 veces. Le da la vuelta al mundo y vuelve a mi buzón. Y si eso no es spam de crédulos holgazanes, no sé qué es.

El otro spam también ha probado en mi correo sus poderes de Ave Fénix. Todos los días recibo spam, y cada vez hay más spam en mi correo oficial. Desde loterías y millones que he ganado hasta Viagra, que mi e-mail (sí mi e-mail) vende. Bajo mi e-mail, los spammers se las arreglan para vender sexo tricolor. Especialmente, el relacionado con el ‘penis enlargement’. Más lejos de mi visión ni mandado a hacer, porque siempre digo que el sexo es para disfrutar, no para matarse…

Ante este atropello invasivo, feroz y resistente, la gente hace dos cosas, una, cancela la cuenta y abre una nueva… Viven felices… hasta que los spammers la atrapen y… de vuelta al ciclo del correo basura.

En mi caso, no cerraré mi cuenta. Les avisé y les aviso a todos en el directorio que yo no vendo nada. Y que es fácil confirmar que soy yo y no el spammer cuando reciben un e-mail. Aprendan a vivir en este universo virtual. He reportado el asunto de mi correo usado para esos menesteres. Pero el aspecto curioso es que tengo varias cuentas de correo y solamente esta cuenta oficial recibe esa cantidad de Power Point y spam. Entre las curiosidades, esta es la cuenta que uso en todas partes en Internet y hasta la cuenta que viaja a Cuba.

Mi trabajo de detective es simple. Reporto el spam, chequeo el e-mail original que Google permite y el IP siempre me asegura que no soy yo la que se levanta por las noches y sonambulea en esta máquina enviándoles Viagra a mis amigos. Los amigos, los conocidos, contribuyen a la basura internáutica. No se pueden resistir. Confían inmediatamente en lo que ven y les dicen,o no lo piensan dos veces y mandan esas cadenas con el e-mail de todo su directorio abierto… incluido el mío y otras boberías más. ¿De qué sirve cambiar el correo sin van a volver a enviar mi e-mail ‘destapado’ para regalárselo a los spammers y otras especies de cloacas que pululan en el mundo virtual que no es otra cosa que el reflejo de ese mundo real donde vivimos?

En fin, el mar.  Credulidad, ‘divino tesoro’ de la parodia ordinaria.

¿Por qué hablo del spam y la basura que aparece en todas partes y en el correo? Leí esto en La Opinión de Tenerife y me recordó mi día a día. Así que ya saben lo que les he dicho una y otra vez, ni Pablo Neruda escribió los versos que reciben ni Gabriel García Márquez escribió esa despedida tan divorciada de su personalidad ni la Mafalda que reciben es la Mafalda de Quino.

Vivir para ver. Vivir para leer tantos disparates juntos.

Imagen: Wikimedia