Siete años después del 911. Nadie puede negar el impacto y el horror de la pérdida de vidas humanas, estas dos guerras (Afganistán e Iraq) interminables, aún causando bajas militares, muertes civiles y el impacto psicológico de los americanos y del mundo. Ni qué decir de los ataques posteriores en Londres y los de Madrid. Resulta difícil olvidar también el retroceso en las libertades civiles, las erosiones de la privacidad, las modificaciones enormes, y muchas brutales, en nuestras vidas cotidianas. Erosiones, abismos, intolerancias, desconfianzas frente a lo diferente.

Siete años después, la gente sigue teniendo miedo. Miedos fundamentales, instintivos. Miedos de sobrevivencia casi animal ante amenazas reales y temores también con otros fundamentos menos reales y más controversiales por su origen y funciones. El requiem de Mozart va para todos los que sufren y para todos los caídos. Yo recuerdo. Sigo recordando y viviendo el antes, el día y el después.