Cada día resulta más difícil hacer una broma. Y si esta es a costa de Obama, redímanos del mal… porque lo rodean temas tabús, como el de la raza y la religión, O.K., muchachos, ¿Podrán con lo que sigue?

¿A alguien le apetece repasar un poquito el Medioevo? Please, busquen sobre el tema de la risa en el Bajo Medioevo. Ah, la risa. Busquen, lean y repasen. O mejor, si no les gusta la historia, lean (la película no, la novela) El nombre de la rosa, de Umberto Eco y por lo menos sigan la gnosis de Guillermo de Baskerville. Ya verán cómo el ser humano es esta, tan compleja criatura, que sobrevive en nuestros genes por generaciones… y risueña, a pesar de los tormentos.

Políticamente correctos, revolucionarios de fondo, vamos a cancelar Saturday Night Live, censurar a The New Yorker, hacer lo imposible por eliminar a los chistosos, los caricaturistas, vamos a crear leyes para encarcelar a los que hablan por hablar y dicen por decir incluidos los blogueros de todos los bandos y también esos seres espaciales con habilidades en Internet, derechos de anonimato, etc.  ¿Ven la conexión y el peligro? No, para muchos no tiene la menor gracia escuchar a McCain decir que estará en Irak 100 años o que EE.UU. está vendiendo cigarros a Irán como parte de una campaña para matarlos. Tampoco, dicen otros, tiene la menor gracia, que Obama haya ridiculizado a Hillary con su sacudida de ¿polvo? en el hombro y con sus chistes de Annie Oakley  y otros sarcasmos más de los despabilados de campaña, entre ellos, numerosos chistes burlándose de la edad de McCain.

No, el humor no es gracioso cuando tú eres su blanco. Menos aún, esa hija perdida, la sátira, que desarticula esa imagen externa, distorsiona los impulsos internos, amplía manías, paranoias, tics, carcajadas.

Podríamos pedir extremosamente a nuestros representantes que lo suprimieran. Prohibido. Ya. Se acabó el humor. Todo. Por infantil, inmaduro, falta de respeto, abusivo, agresivo, mentiroso, excesivo, fanático perverso. Nadie puede decir un chiste ni pintar los espantos. Ningún espanto. Cero chistes.

Allá, por los primeros siglos del medioevo, la risa era un elemento cardinal en el púlpito… y sigue siéndolo, aunque de otra manera. Pasó el tiempo, un águila sobre el mar, y de vez en cuando, volvemos a los mismos temas de siempre: Ser, pero con el traje de las construcciones ilusorias, simuladas, almidonadas.

¿Les atrae la versión de coartar, cancelar, exterminar al humor? ¿Qué tal si lo racionamos? Hagamos, entre todos, que sólo aparezca aquello que queremos ver, esa, la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el nuestro? Ah, qué revolución. Qué esperanza.

==========

Nota al margen:

Obama y sus entusiastas han estado demasiado consentidos durante todas las primarias, entre otras cosas, porque el tabú es el tabú, y lo políticamente correcto es adecuado para no herir ultra sensibilidades, pero tendrán que acostumbrarse a estar todos los días expuestos a muchas formas de expresión, y entre ellas, tendrán que ajustarse rápidamente al humor de todo tipo, al peor, y al mejor y más refinado, al diabólico, al del contrario, al del amigo pesa’o que a veces se cree chistoso.

Claro que pueden elegir sentirse víctimas, atacados, y apelar a la queja del racismo latente, de las injusticias sociales, al insulto frente a los victimarios, pueden apelar a ese pasado tan indigno de la raza humana e inclinarse a silenciar cualquier locución que no haya salido de su libro de campaña.