La novela cubana, ‘Chiquita’, ya está impresa y se presentará en Miami el día 15 de mayo en el Centro Cultural Español. En El País encontrarán las primeras páginas de ‘Chiquita’, premiada este año por Alfaguara. Sí, ‘Chiquita’ es una deliciosa ficción sobre la vida y el triunfo artístico de una liliputiense (de 26 pulgadas, 66 centímetros) cubana en Estados Unidos a principios del siglo XX, Espiridiona Cenda. ¿Se imaginan 26 pulgadas? Son dos reglas de la escuela y ese era el tamaño físico, que no de espíritu -Antonio se ocupa de asegurarnos esto en la novela- de Chiquita.

Antonio Orlando Rodríguez es uno de los escritores más importantes de la literatura cubana. El premio Alfaguara ’08 lo reconoce. La inusitada sensibilidad detrás del recreador de historias, del ‘mentiroso profesional’, ha dejado rastros trascendentes en cada uno de sus libros. A Antonio Orlando le gusta Virgilio Piñera, escribe magistralmente, disfruta contar aventuras, pero él cuenta otros cuentos de la misma leyenda como sólo él sabe hacerlo, equilibrista de la ironía con imaginación sin límites que se ha salvado del cinismo no sé por qué artes y qué magias del espíritu. Esa proeza debe de venir muy bien combinada en los genes o su destino narrativo hubiera terminado en catástrofe.

Antonio no se parece a nadie escribiendo que no sea a él. Y para mí, Antonio Orlando es el escritor vivo más importante de la literatura infantil cubana. Ahora, ya trascendiendo al universo de los adultos por sus dos novelas y este premio para la segunda, ‘Chiquita’. Ah, la literatura. Nosotros, los perennes párvulos cubanos vamos a seguirlo muy de cerca.

Más comentarios, entrevistas, críticas publicados entre ayer y hoy:

Antonio Orlando Rodríguez sobre Chiquita (la liliputiense, no la novela)

‘Reúne todo lo que se espera de una heroína de novela, tiene personalidad, temple, magnetismo; es una mujer inteligente y audaz encerrada en un cuerpo de 26 pulgadas 66 centímetros. A eso hay que añadir su época, el tránsito del siglo XIX al XX, cuando la mujer empezaba a luchar por sus derechos’.

William Mckinley, el entonces presidente de Estados Unidos le regaló a Chiquita un landó tirado por caballos ponies… Sí, eso es verdad; y alguna que otra anécdota rescatada de los periódicos de la época. Todo lo demás lo inventó Antonio Orlando mientras tejía además en la novela el trasfondo histórico de la época. Sobre ello, comenta: “…es un fresco histórico, de peripecia y humor, pero podría ser también un recorrido por la historia de Cuba, desde su independencia hasta décadas recientes”

De la Cuba que recuerda el autor:

“La Cuba que yo recuerdo con cierta añoranza es la Cuba de mis amigos, y casi todos ellos han tenido que salir de la Isla y vivir en los lugares más insólitos del mundo. Yo no puedo sentir nostalgia de una entelequia, de algo que ya es imposible reproducir nuevamente”, comentó.

De los nuevos cambios en Cuba:

Rodríguez señaló que la verdadera transformación sólo llegará con la democracia y el reconocimiento de “los derechos humanos”.

“No veo una voluntad significativa de cambio mientras no se permita pensar libremente en Cuba, ejercer el derecho al voto o entrar y salir del país, y mientras haya personas encarceladas por disentir”, dijo el escritor.

Del ABC, Crítica J. ERNESTO AYALA:

…no hay en esta novela tal maldad salvo la contaminante maldad de la historia y el azar…Desdichas, bondad y canallerías juntas, también. Pero todo ello matizado mediante una envidiable precisión irónica.

La realidad transfigurada por la acción de la invención. Pues de esto trata esencialmente Chiquita. De un segmento de realidad histórica, con sus componentes políticos, sociales, morales e individuales. Y en el centro de esa realidad un personaje ilustrativo de toda una época, un ser humano que no mide más de veintiséis pulgadas.

No sabremos, después de leer la novela de Rodríguez, qué hay de verdad e invención en su vida. Y esto es esencial en esta historia. Esta duda. Una metódica sospecha entre la crónica de las hemerotecas y la verdad de las mentiras, que diría Vargas Llosa. 

De las preguntas que le hicieron los lectores de El País:

Muchas gracias. Tengo entendido que “Chiquita” se lanzará en Miami el día 15 de mayo, en el Centro Cultural Español, y con una presentadora de lujo: la escritora Chely Lima. Supongo que estará a la venta días antes.

El escritor señala lo siguiente sobre su novela (y perdí el enlace, debe ser de alguno de los anteriores):

…Es un libro de aventuras, o así me gusta verlo a mí. Si logro que Chiquita los cautive y logre arrastrarlos hasta el final de las más de 500 páginas que necesité para contar sus peripecias, me sentiré muy satisfecho. Buena suerte y buenas lecturas.

Otra entrevista:

Sólo tenía noticias de las acciones de Chiquita y desde ahí tuve que entender su psicología, su personalidad. Me inspiraron mucho las fotografías, sus poses: mirada retadora, languidez sensual… Utilicé incluso recursos muy poco ortodoxos…

P. Hay mucho en Chiquita de querencia por lo esotérico.

R. Disfruto mucho cuando los espíritus se meten en el mundo de los humanos. Y de las situaciones que se salen de lo normal. Las historias de las cofradías secretas de los enanos me gustaría que se leyeran en clave paródica.

P. La guerra de la independencia cubana es el telón de fondo de una parte de la novela.

¿Qué destaca de ese proceso?

R. Que fue una guerra muy cruel. Fueron crueles las tropas españolas, pero también fueron muy destructivos los rebeldes. Cuba se había convertido en la perla de la Corona, la metrópoli no quería perderla. Fue una independencia tardía respecto a las demás. Y atípica. Estados Unidos vigiló el proceso entre 1898 y 1902. Para muchos, incluso algunos líderes independentistas, fue algo positivo, por chocante que resulte.

Más sobre Cuba:

“Los escritores cubanos pertenecemos a la cultura cubana donde quiera que vivamos”,

Los cambios que se están introduciendo en Cuba “los veo con curiosidad, sin mucho optimismo pero con el deseo de que los cubanos puedan algún día disfrutar de los derechos universales”.

La novela “privilegia la fantasía, el gusto por la peripecia y el humor. Insiste en que los pequeños -seres humanos o naciones- tienen derecho a ser respetados porque la grandeza no tiene tamaño”, afirmó el escritor.

Foto: El País