miami-dade-votantes-1.jpg¿Qué deseo? Lo que hubiera querido encontrar cuando nací: un mundo mejor. Simple, sencillo, digerido, auténtico, política aparte. Pero les hablo de mi voto. Recuerdo la primera vez que estuve frente al dilema, una vez ciudadana de EE.UU., de qué ideal y realidad de partido respondía a mis intereses personales. En un ambiente político extraordinariamente polarizado y muchas veces intimidante, representado por dos grandes partidos, el Demócrata y el Republicano, pensé en la posibilidad de registrarme Independiente o NPA (sin afiliación de partido). Pero si lo hacía, no podía votar en las primarias por ningún candidato, al menos, en Miami.

Reconozco que la naturaleza misma de la política fragmenta. Lejos de unificar, y mucho más en un ecosistema cotidiano como el Sur del país donde continuamente se difunde que yo soy mejor que tú o tú eres mejor que yo por el simple hecho de pertenecer a un partido político, divierte la esencia misma de los otros componentes humanos que maniobran en el diario hacer de los hombres.

Observando, encontré que la mayoría de la gente se afiliaba Dem. o Rep. por el perfil de ‘me gusta’ el candidato, le gusta a mi familia y amigos sin sopesar demasiado los ideales personales y haciendo énfasis en las conveniencias enumeradas por los demás de pertenecer a dicho partido, y sin echar una ojeada a la historia, a qué se alcanzó bajo el gobierno o se dejó atrás en los tantos temas cotidianos que ocupan a la mayoría de nosotros. Y se afiliaban Independientes o NPA para dejar claro que el sistema de dos partidos era esencialmente corrosivo, para subrayar que estaban muy lejos del ‘bien o el mal’ de las vacas gordas del sistema.

En el lenguaje popular se define sencillamente y con esta contraseña el sueño de la mayoría de la gente común: salud, dinero y amor.

Sin embargo, el pragmatismo sumergido en el sueño de salud, dinero y amor de los votantes es manipulado una y otra vez extraordinariamente, hasta el punto de persuadirlos para votar por aquel candidato o partido que no representa sus intereses y una vez en el poder, trabaja, gestiona y consolida alianzas con aquellos que reducen sus libertades esenciales, sus protecciones sociales indispensables, y ni qué decir del amor. Bajo el manto autorizado de muchos pastores, hasta llegan a apropiarse de los amores fundamentales de la humanidad y usan, redefinen y tergiversan casi todos los mensajes cardinales.

Cualquier decisión es difícil, pero más en la política. No puedes vivir en una campana, alejada de la realidad. Ya sea el próximo color de la pared o más seriamente, qué inseguridades esenciales percibes en las sociedades modernas que te afectan personalmente, muy en particular dentro de tu entorno, como muy bien pudiera ser, por ejemplo, la inseguridad laboral, o el acceso a una decorosa atención médica, o estar a favor o en contra de qué se produce, se transporta, se vende y comes que no te envenena, o de cómo tus representantes gastan el dinero público, o de cuánto te queda en los bolsillos después de trabajar incansablemente, o de cuánto amor, armonía y tolerancia se estimula desde los peldaños más altos y bajos de tu entorno, son puntos neurálgicos, imprescindibles para mí, a la hora de decidir por quién voto.

Personalmente, detesto la política. Ni qué decir de las campañas demagogas agresivas, de los ataques personales, de los chismes corrosivos, de la retórica, de las tergiversaciones de la realidad presentes a veces, y más de lo común, en la naturaleza humana. Y en la política, pues todo lo anterior circula amplificado. Pero quedarme en la campana, alejada de las urnas, le permite a otros que no conozco, que no representan mis valores, apropiarse de mis sueños.

Por eso sigo muy de cerca la política. Leo, reflexiono y trato de que las pasiones no se mezclen con mi decisión en las urnas. Una cosa es la fidelidad, otra muy distinta la lealtad. Y la lealtad, en mi caso, siempre estará al lado de la mejor representación humana, de los aspectos claves que me protegen, que no me destruyen, y de la compasión, que no del cultivo, promoción e implantación de más divisiones y odios.

Mi voto siempre es la consecuencia de lo que pienso, analizo, concluyo y se aleja todo lo que puede de lo que siento. Las emociones no son buenas consejeras en las urnas.

Aún en la penumbra, el resultado de lo que pienso también se apoya en la intuición. Nunca he podido creer que, por ejemplo, ir a la iglesia te hace más religioso. O agitar una bandera te hace más patriota, y por analogía, mejor ser humano.

Prefiero la autenticidad, la práctica diaria de los valores, al pregón y a la apariencia de los mismos.

¿Miedo? No, nunca he tenido miedo a ser más humana y menos belicosa ni en mi manera de pensar ni en mis acciones. ¿Recelos? Algunos que aún existiendo no me impiden ser quién soy. Sobre todo, con esta aprensión mía frente a algunos de esos seres que son más groseros que el resto y que pululan desestabilizando con el único lema de divide y vencerás en sus acciones, gritos y pancartas.

¿Qué deseo? Lo que hubiera querido encontrar cuando nací: un mundo mejor. Dentro de las limitaciones que la realidad impone, por eso voto cada vez que hay elecciones.

Gráfico: Las estadísticas son del Miami-Dade Elections Dpt., el gráfico lo hice en esta página para niños que acabo de encontrar.

¿Preguntas sobre las registraciones, cambios de partido, etc? Llama a:

305-499-VOTE (8683)

¿Quieres ver la boleta antes de votar? Consulta aquí.

Nota: Estoy votando NO por todas las preguntas, enmiendas y NO por las maquinitas de juego. Las razones llenarían otro post, pero las fundamentales son: falta de detalles, de información y de debate a favor y en contra. Siempre voto NO por aquello que no conozco ni me han explicado.