piano_3634_f-1_w.jpgFotos del piano portátil que le compré a mi sobrino por Navidades. Piano para viajar y relajar el estrés, porque se pasa la vida viajando de un estado a otro en medio de aviones y hoteles aburridos, según él.

En parte, el regalo también me lo hice a mí porque recuerdo y me apena que Alex era un percusionista excelente y ya terminaba junto con la secundaria también la música cuando sus padres lo trajeron para Estados Unidos. El mundo le dio vueltas, tenía apenas 14 años, y en la adaptación, a pesar de que le regalé una batería terminó vendiéndola para comprarse un auto. Aún así fue el primer premio de percusión de la Florida acabadito de llegar.

piano_3625_f-1_w.jpgLos días pasaron, Alex matriculó computación y ahora es un especialista en computadoras que escucha salsa y música hispana…, pero a veces los ringstones de su celular tienen una sonata de Mozart.

El piano portátil no es la maravilla del siglo en cuanto a sonidos pero tiene una impresionante gama de tonos y acompañamientos, parecido a un sintetizador. El juguete le encantó y sus amigos se han quedado con la boca abierta.

Hice regalos antiestrés. También le regalé un Dragon Fly que se maneja por control remoto para que lo vuele y compitan. ¿Con quién? Bueno, pues con mi sobrina que recibió también otro Dragon Fly de regalo y mi hermano, que recibió un helicóptero que en su primer vuelo del 25 de diciembre fue a parar dos cuadras más allá porque nadie sabía como hacerlo regresar.

Aprendieron la lección: para volar hay que buscar terrenos abiertos o parques. Entre las casas y los edificios correrán el riesgo de perder los juguetes.