finanzas_ch.jpgEn el 2003, la deuda de los americanos en tarjetas de crédito era de 770.5 billones. En el 2006 aumentó a 877.1 billones. En diciembre 4, los lawmakers de Washington cuestionaron las prácticas abusadoras del negocio de subir arbitrariamente los intereses de las tarjetas de crédito. Millones de quejas de usuarios fueron (y son) víctimas de aumentos de interés increíbles aún pagando a tiempo. Una vez más comprobamos que mientras menos regulaciones tengan los grandes ateneos, menos muestras dan de saber hacer negocios sin convertirse en cleptómanos. No me gustan las regulaciones, pero los abusos y el robo, menos.

Estas “abusive, confusing credit-card practices” son demasiado frecuentes especialmente entre hispanos y aunque algunos piensan “It’s important criteria for how to manage risk and pricing,” como ha dicho el representante de Discover, lo cierto es que la complicada trastienda del negocio es otra: si el cliente termina con una deuda enorme y no puede pagar, pues que se vaya en bancarrota (ahora más limitada) y ‘las pérdidas’ de las compañías de crédito nunca existen. Entre los altos intereses que ya han cobrado en la mayoría de las ocasiones resulta suficiente para recuperar lo que prestaron y lograr además ganancias considerables. Sumen la bancarrota y su negocio es redondo.

Quien sufre al máximo es la persona que se ha visto obligada a usar el crédito. Claro que es cierto que algunos ‘se les va la mano’, pero la mayoría de nosotros usa las tarjetas para cubrir las necesidades más elementales. Una ‘resbalada’ y una bancarrota afecta el crédito por varios años. Y los abusadores, ladrones y demás alimañas rondan más de la cuenta en el universo de los ‘white collars’. Más aún, en las malas rachas: siguen mandando promociones de tarjetas, siguen persiguiendo a los clientes potenciales (ojo con las tarjetas de crédito, hispanos)… porque al final no pierden, nunca pierden.

Mi novela: Siempre pagué mis tarjetas a tiempo. Nunca debí cifras por encima de $500. Cuando regresé de Boston, con mi madre muy enferma, operaciones de corazón, trombosis pulmonar, etc, perdí mi sueldo, vino el 11 de septiembre y en Miami estuve más de un año y medio sin conseguir trabajo. Usé mis tarjetas para sobrevivir. ¿Qué se me ocurrió, tonta de mí? Tuve la espantosa idea de llamar a las tarjetas de crédito y decirles de mi mala racha. ¿El resultado? Al otro mes me subieron los intereses a 27 y una tarjeta a 30 por ciento.

Llamarlas fue una estupidez de mi parte, pero fue un abuso horroroso la reacción de ellas. Y en esas incluyo a Citi Group, Discover, Sears y compañía. Ojalá las obliguen a hablar claro antes de negociar el crédito con la gente. Ojalá no puedan subir hasta el infinito los intereses porque les da la gana. Trauma mío que seguramente comparto con millones de americanos.

Enlaces al horror:

Senators probe surprise credit card rate rises

Lawmakers grill credit card execs

Card companies unfairly hiking rates, senators say

Credit Card Practices Denounced