Bloggingstocks.com tiene un post interesante que comenta el artículo de Marketwatch sobre esos $3 billones que botamos todos los años usando las tarjetas de crédito. El problema, discutido ahora en el Congreso, se remonta a varios años atrás. Los prestamistas ocultan cargos cuando venden la tarjeta. El resultado es un enorme drenaje al poco tiempo de estar usándolas. Las leyes federales prohíben estas prácticas, pero continúan omitiendo algunos cargos, sobre todo aquellas compañías que envían la propaganda por correo.

Y en este caso no valen las quejas de los consumidores. Los hispanos, especialmente, tendemos a gastar y a no hacer presupuestos ni controlar lo que ganamos y en qué lo invertimos. Pero aún: Tendemos a confiar en esas tarjetas que nos envían por correo como una vía para hacer crédito cuando la simple historia de la cuenta de teléfonos nos ofrece el crédito ansiado.

Las historias son de horror y misterio y yo también tengo la mía. Después de la operación de mi madre tuve que venir a Miami desde Boston. Perdí el trabajo y estuve un año sin él (la mala racha coincidió con los eventos del 9/11). Mis tarjetas estaban al día, pero comenzaron a subir. Decidí llamarlos (algo que siempre aconsejan hacer) para pedirles uno o dos meses ‘de gracia’. Siempre había pagado a tiempo. ¿Resultado? Dispararon los intereses de 11% a 25% en todas y hasta 30% en una tarjeta.

¿Consejo? Si necesitan una tarjeta de crédito vayan a su banco. Si tienen una de esas que llegó por correo, ciérrenla lo más rápido posible. Esta gente son depredadores y los peores enemigos nuestros siguen siendo nuestro cero conocimiento en las cuestiones de finanzas, la desorganización y la confianza que mal colocamos en ladrones de cuello blanco.

Enlaces: $31 billion in credit card fees each year / Watch out for hidden credit-card fees