“Estoy absolutamente segura de que el riesgo es parte usual de mi trabajo como periodista rusa, y no puedo detenerme porque esa es mi tarea. Pienso que la tarea del médico es la salud de sus pacientes, la tarea del cantante es cantar. La tarea del periodista es escribir lo que para él es la realidad. Esa es mi tarea”.

Anna Politkóvskaya


No todos los días mueren periodistas, pero mueren últimamente con frecuencia e injustamente, como muchos otros seres humanos. Mueren o son asesinados odiosamente. No todos los días asesinan a un periodista pero los reporteros y escritores son perseguidos, amenazados o asesinados con una periodicidad intolerable en el siglo XXI y aún bajo gobiernos ‘democráticos’. En Rusia, desde que Putin tomó el poder han sido asesinados 13. Anna Politkóvskaya trabajaba para el diario Novaya Gazeta, donde también publica el ex presidente ruso Mikhail Gorbachev.
La vida de los periodistas (y de su familia) es como la ruleta rusa en Rusia y en todas partes. Cualquiera es elegido como blanco expiatorio para que sirva de ejemplo y calle con su ausencia a las voces disidentes. Los comentaristas de cualquier profesión confrontan todos los días la vigilancia del intolerante y del fanático; y muchos labradores de la palabra viven bajo amenazas directas o veladas.

Más dificultades aún: Los periodistas libran otra guerra personal, interna, humana y en el mejor de los casos guerrean todos los días con su propia conciencia y vencen. O se enfrentan a su temor y sufren. O lidian desde su quehacer con la exigencia inevitable de la toma decisiones a favor o en contra de la luz o de las tinieblas y son criticados casi siempre. La decisión final de muchos de ellos frente a la inevitable y compleja realidad: sobrevivir. En algunas ocasiones sobreviven aunque sufra la verdad. Aunque el silencio estropee un universo superior. Un razonamiento comprensivo: Si mueres te jodes tú y jodes a los otros. Si mueres, dejas un vacío irremplazable, lectores anhelantes de palabras enlazando hechos, de firmeza en letras de molde, de quimeras por escrito, o simplemente, si te mueres o te matan abandonas a seres ávidos de un hálito consolador para seguir con sus vidas. A veces, qué vidas. Anna Politkóvskaya fue asesinada porque investigó sobre las torturas de las autoridades rusas en Chechenia y en las repúblicas del norte del Cáucaso ex ruso. ¿Algún día conoceremos los detalles de este homicidio? Su misma integridad y su amor por la verdad la condujeron a confrontaciones, a odios de los asesinos, de verdugos, de fanáticos y de los seres que promueven los oscuros túneles del crimen impune y que viven al servicio de caudillos corruptos:

“Ahora tengo sobre mi escritorio dos fotografías. Estoy haciendo una investigación. Éstas son las torturas practicadas en las cárceles de Kadírov hoy y ayer. Éstas son las personas que fueron secuestradas por los hombres de Kadírov simplemente para hacerse propaganda. Un ruso y un checheno a los que presentaron como guerrilleros contra los que combatieron en las cercanías de la aldea Alerói. En realidad, esta gente fue secuestrada, torturada y asesinada”.


La responsabilidad de un corresponsal, redactor, reportero, escritor frente al resto de los hombres y mujeres trasciende los avatares de otras profesiones sociales. Optar por ser periodista es como preferir ser médico o sacerdote u otra profesión de servicio. Cada una debe remediar, no destrozar y enfermar al prójimo. La fortuna y la posición son necesarias, pero la integridad, la lealtad, la honestidad son imprescindibles. Anna Politkóvskaya se jugaba la vida en una ruleta rusa. Anna escribía sobre la corrupción, las torturas, los asesinatos, las injusticias en Rusia:

“Cada mes en Chechenia persiguen a los que se han arriesgado a buscar a sus familiares secuestrados usando los procedimientos de Estrasburgo, es decir, recurriendo al Tribunal Europeo de Derechos Humanos con quejas en contra de la Federación Rusa. En cualquier otra parte de nuestro Estado no es fácil la vida para los que pretenden encontrar justicia en Europa, pero en Chechenia no lo amenazan a usted por teléfono o con escritos anónimos. No, aquí le esperan fusilamientos, secuestros, torturas”.


Anna Politkóvskaya estaba en contra de sinrazones y atropellos. Fue asesinada por su tenacidad, trabajo y voluntad transportando a la luz pública los testimonios de la realidad de las víctimas. Eso la condenó a la pena capital.

Los asesinos y criminales saben que es muy difícil sustituir a una mujer como Anna Politkóvskaya. Pero saben también que no es imposible. Tiempo al tiempo. En ese aspecto siempre e invariablemente vencen los misericordiosos y filántropos. Unos se van de la arena o los asesinan horrorosamente, pero otros llegan casi siempre a tiempo para tomar la palabra y transmitir el mensaje. En eso, desde que dejamos de ser monos, han ganado los buenos.