El cine cubano, de luto
Jorge Hajdu, director de fotografía del ICAIC, murió el pasado 6 de mayo, en Bruselas, a los 87 años. Como esta tristeza me toca de cerca (Jorge es el padre de Aimee, gran amiga de siempre), he estado al tanto de los detalles de su enfermedad, de su muerte. Aimee y yo nos comunicamos con frecuencia y ella estuvo aquí, en Miami, a finales de abril. Yo ya sabía que Jorge estaba muy mal.
Me ha costado trabajo escribir este post por mil razones. Algunas ya deben imaginarlas. Siempre admiré a Hajdu; y él fue una de las figuras más relevantes en mi vida de adolescente. También de diletante recién iniciada en los secretos del cine. Tuve el privilegio de escucharlo muchas veces hablar de la caja mágica, de oírlo relatar anécdotas, y hasta de sentirlo en muchas ocasiones, como aquellas en que tuve que esconderme de él, culpable yo por guardar los secretos de un novio venezolano de su hija que a él no le hacía la menor gracia. Si Aimee lee esto va a sonreír. Qué tiempos.
Pero dejar mi pequeño homenaje a Jorge Hajdu en blanco y negro era ineludible, casi primordial. Y para que recuerden los más jóvenes qué trabajos hizo Hajdu (su fotografía era impecable y desbordaba buen gusto), les dejo una lista de sus películas. Les he seleccionado algunas cosas del boletín del ICAIC (12 de mayo de 2008) que me envió por correo electrónico su hija Aimee desde Bruselas. Quiero añadir que gracias a él muchos de nosotros vimos cine de primera en Cuba. Jorge Hajdu fue responsable de la elección de muchas películas para la cinemateca cubana. Su gusto exquisito nos regaló muy, pero muy buen cine. Triste noticia para su familia, para los que lo conocimos, para la cultura cubana, para el cine cubano. Del boletín del ICAIC:
Fotógrafo profesional, nacido en Yugoslavia el 17 de abril de 1921 de padres húngaros, residió en Cuba desde 1923. Desde los 13 años se vinculó al mundo de la fotografía, trabajando en el estudio de su padre. Su afición al cine lo puso en contacto con las producciones esporádicas que se realizaban en Cuba, y se encontró por primera vez con la fotografía (fija) a finales de los años cuarenta con Embrujo antillano y Errol Flynn en La Habana.
Filmografía
1960: Cooperativas agrícolas
Venceremos
1962: Minerva traduce el mar (en colaboración)
Historia de un ballet
Alicia en los países maravillosos
1963: Variaciones
Portocarrero
1964: Cosmorama
La decisión (largometraje de ficción)
1965: Escenas del Carnaval
1967: Aventuras de Juan Quin Quin (largometraje de ficción)
1968: Color de Cuba
1971: Un retablo para Romeo y Julieta
Muerte y vida en el Morrillo
Las Tanias
1972: Rumba (en colaboración)
Edipo Rey
1973: La escuela taller
Rítmicas
1974: Arrecifes
Plasmasis
Nuevos hombres en el ring
Okantomí
Sulkary
1975: Panorama
Amistad
La muerte del alacrán
1976: Alicia
De donde son los cantantes
Condiciones inseguras
Víctor Manuel
El Hurón Azul
Nosotros
1977: Che, Comandante amigo
El piropo
La rumba
1978: Juantorena
Dicho sea de paso
1980: Son o no son (largometraje de ficción)
1982: Justo Vega (doc.)
Las visitaciones de José Luciano (doc.)
1983: Son de almendra (doc.)
1985: De tal Pedro tal astilla (Largometraje de ficción)
Jorge Hajdu también fue traductor:
HOMENAJE A MI TRADUCTOR, JORGE HAYDÚ / Espacio del Editor
No tuve oportunidad de trabajar con el fotógrafo Jorge Haydú, no soy cineasta. Trabajé varias veces con el “traductor” Jorge Haydú; y no era raro, porque hablaba alemán, húngaro, francés y quien sabe cuantas lenguas más. Y algunas veces nos encargaban la atención a delegaciones extranjeras que visitaban al ICAIC. Tal es el origen de mi cariño y respeto por esa figura que una escueta nota necrológica me advierte que falleció en Bruselas hace una semana.
…Pero lo cierto es que Haydu se nos fue. No importa si en Bruselas o en Guanabacoa. Y , al igual que con los padres que fallecen antes de tiempo, nos quedamos con miles de preguntas sin formular. Y, lo peor, sin responder.
Es casi seguro que se fue sin llamar la atención, como pasaba por los pasillos del ICAIC. Sin poner de relieve que era el fotógrafo de El Mégano, de Vida y Muerte en el Morrillo, de tantas otras. Que tuvo un papel preponderante en aquello de meter la luz y el color cubano dentro de una “Bolex” o una “Arriflex”. Que no es posible escribir la historia del cine cubano sin mencionarlo. Y que, además, era un ejemplo de decencia, humildad y rigor. Esos valores que tanta falta hacen para hacer cine o simplemente para vivir una buena vida. Como la suya.
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