Fotos del piano portátil que le compré a mi sobrino por Navidades. Piano para viajar y relajar el estrés, porque se pasa la vida viajando de un estado a otro en medio de aviones y hoteles aburridos, según él.
En parte, el regalo también me lo hice a mí porque recuerdo y me apena que Alex era un percusionista excelente y ya terminaba junto con la secundaria también la música cuando sus padres lo trajeron para Estados Unidos. El mundo le dio vueltas, tenía apenas 14 años, y en la adaptación, a pesar de que le regalé una batería terminó vendiéndola para comprarse un auto. Aún así fue el primer premio de percusión de la Florida acabadito de llegar.
Los días pasaron, Alex matriculó computación y ahora es un especialista en computadoras que escucha salsa y música hispana…, pero a veces los ringstones de su celular tienen una sonata de Mozart.
El piano portátil no es la maravilla del siglo en cuanto a sonidos pero tiene una impresionante gama de tonos y acompañamientos, parecido a un sintetizador. El juguete le encantó y sus amigos se han quedado con la boca abierta.
Hice regalos antiestrés. También le regalé un Dragon Fly que se maneja por control remoto para que lo vuele y compitan. ¿Con quién? Bueno, pues con mi sobrina que recibió también otro Dragon Fly de regalo y mi hermano, que recibió un helicóptero que en su primer vuelo del 25 de diciembre fue a parar dos cuadras más allá porque nadie sabía como hacerlo regresar.
Aprendieron la lección: para volar hay que buscar terrenos abiertos o parques. Entre las casas y los edificios correrán el riesgo de perder los juguetes.
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